Si se oxida, nunca más podrá volver a ser blandido. Si se echa a perder, su esencia quedará hecha pedazos. El orgullo, es muy parecido a la hoja de una espada.
Sólo aquellos engullidos por la ignorancia y el miedo, los que avanzan dando pasos en falso, se precipitan hacia un remolino. Aquello que llamamos destino.
En sus colmillos, que no pueden alcanzarla, se enciende una llama. Para no tener que mirar a esa estrella. Para que su voz no se apague.
Pensamos que una flor en un acantilado es hermosa. Porque nuestros pies se detienen al llegar al borde. Porque, a diferencia de la flor, somos incapaces de saltar al vacío sin miedo.