Sophia: *está parada entre unos militantes de facciones contrarias, que se gritan e insultan, en posesión de banderas pintadas a mano*
Sannaz: *baja los peldaños de piedra, esquivando a los camaradas, riéndose*
Sophia y Sannaz: *intercambian miradas*
Sannaz: Buenas noches, comunista.
Sophia: Hola a vos también. ¿Cómo estás?
Sannaz: No entiendo qué les pasa. *señala a los militantes* Si todos hacen más o menos lo mismo (organizar bailes, talleres e ir a enseñar en las villas, además de quermeses y remeras),¿por qué no se juntan de una vez por todas y se dejan de pelear?
Sophia: Tenemos ideales diferentes a los de ellos, los que se fueron recién, que son del *inserta aquí, facción militante poco importante*. No quieren cambios de verdad.
Sannaz: De última no sé si importa TANTO lo que quieren, si al final hacen lo mismo. *Pone los ojos en blanco*
Sophia:¿A dónde vas?
Sannaz: A comprarme una navaja. La que tenía se rompió. Y no cumplí mi sueño de enterrártela en el corazón.
Sophia: Algunas de mis amigas dicen que las mirás a ellas como si quisieras matarlas de esa forma. Que el día menos pensado lo vas a hacer. Te tienen miedo…
Sannaz: *se ríe más, todavía* ¿Con esta navaja que está en las últimas lo voy a hacer? *muestra los trozos de su cuchillo, guardados en un pañuelo de tela* En todo caso, te mataría a vos. Que tenés la culpa por no hacerme espacio.
Sophia: No me molesta que hablemos. Y a ellas les caés bien, aunque no les gusta mucho el tono con el que decís algunas cosas.
Sannaz: Pero me da la impresión de que sobro. Empiezan a hablar sobre lo que van a hacer la próxima vez que se junten, sobre lo que hicieron la última o sobre gente que no conozco y si hago preguntas, me miran como si solo tuviera derecho de cerrar la boca y esperar como esperan los chicos a que las madres terminen de cuchichear con las vecinas. ¿Te parece lógico que me quede?
Sophia: Es tu opinión. Yo no lo veo así, pero a lo mejor lo hacemos sin darnos cuenta. *observa el cuchillo desmantelado* Tengo una navaja en desuso, si querés puedo dártela.
Sannaz: Paso de aceptar promesas de vos, pero gracias. Además, si algún día decidiera matarte a puñaladas, me sentiría muy culpable de usar –encima de todo-un regalo tuyo para hacerlo.