Soultaker

zap!

3/9/09 11:14 pm - zap!

Título: Consagración
Claim: Tom, Bill
Resumen: Todo iría bien. Sí. Mentalmente Tom estuvo de acuerdo, tenía a Bill, y Bill lo tenía a él.

Apenas cerró la puerta un par de lágrimas recorrieron sus mejillas, pero negándose a derrumbarse, se las limpió con furiosos manotazos. Fue hacia el lavamanos y se lavó la cara. Al levantar la mirada se encontró con su reflejo.

Su labio inferior ligeramente más grueso que el superior, pestañas un poco rizadas y ojos marrones, pómulos sobresalientes. Se perforó con los ojos inyectados de sangre por el sollozo, queriendo ir más allá de la imagen que veía.

—Mi culpa —susurró.

Su mentón comenzó a temblar furiosamente, y sus ojos brillaron, inundados otra vez. No quería llorar, no quería verse llorando, sin embargo, una lágrima solitaria se aventuró.

Su culpa, y todavía actuaba como una niñita.

Ante el pensamiento sintió deseos de romper el reflejo, de deshacerse de lo que le provocaba. Sí, precisamente eso, romperlo… Tornarle en pedazos pequeñitos e imposibles de juntar nuevamente. Por su error su vida no volvería a ser lo mismo.

Levantó una mano y delineó con las yemas de los dedos su imagen antes de alejar la mano unos centímetros y estrellarla contra el espejo, haciéndolo trizas de inmediato. La sangre comenzó a brotar de su mano cortada, así como lágrimas abundantes, contenidas hasta el momento.

El estruendo no fue mucho, sin embargo, a los pocos segundos alguien tocaba con insistencia la puerta preguntándole si todo estaba bien.

Tom reconoció la voz suave y delgada, una voz casi igual a la suya. Cuidándose de no pisar los fragmentos rotos, retrocedió unos pasos y se apoyó contra una pared, a la vez que decía con voz temblorosa que nada había pasado.

—No, no, no, no te creo —negó rápidamente quién estaba fuera del baño—. Tomi, ábreme… por favor.

Por primera vez en su corta vida, Tom odió con abrumadora intensidad la conexión emocional que tenía con su hermano. Bill volvió a insistir, esta vez con más ahínco y al parecer comenzando a desesperarse.

Sabía que con lo obstinado que era su gemelo, que sería capaz de quedarse ahí para siempre o hacer un plan para tumbar la puerta, antes de dejarle de insistir.

Con un suspiro de resignación, limpió la humedad de rostro y abrió la puerta. La mirada de Bill al instante se centró en los pedazos de espejo roto y el rastro de sangre dejados por los nudillos de Tom que estaban lleno de cortes superficiales.

—Tomi, ¿qué…? —Entonces recién se fijó en los ojos rojos y la expresión desesperada. Automáticamente, Bill abrazó a su hermano con delicadeza y firmeza—. Tom… Tomi, mírame. —Obligó a Tom a que hiciese lo que le pedía—. Aquí estoy.

Tom intentó sonreírle y se apartó de su abrazo, mirando con ausencia las gotitas de sangre. Bill se quedó unos segundos sin saber qué hacer, hasta que se decidió y se alzó de puntillas para alcanzar el botiquín que estaba en lo alto de la gaveta; cuando lo alcanzó instó a hermano a que se sentara en el filo de la tina.

—Fue mi culpa —balbuceó ahogadamente. Bill se arrodilló a su costado—. No quise hacerlo, en serio.

—¿A qué te refieres? —preguntó a la vez que tomaba la mano y comenzaba a desinfectarla. Su pecho comenzaba a doler.

—A… papá. —Se detuvo haciendo un gesto de dolor ante el toque de Bill—. Papá se fue, y no va a volver, y todo es mi culpa.

—Tomi —interrumpió terminando de curar las heridas, y sintiendo que también iba a romper a llorar en cualquier momento—, no, no es cierto… Tom, no digas eso.

Los problemas en casa, las discusiones entre Jorg y Simone habían estado presentes desde casi siempre. La travesura de Tom únicamente había sido la excusa usada por Jorg para por fin hacer las maletas y que Simone se decidiera a pedir el divorcio.

—Papá me ha dejado —insistió con voz rota. Bill comenzó a sollozar a la vez que aseguraba la venda en la mano herida. Una vez que terminó se incorporó un poco y tomó con las manos la cara de Tom, obligándole a que le viese—. Nos ha dejado…

Se vieron fijamente eternos minutos, ambos llorando profusamente, compartiendo el sentimiento asfixiante y doloroso de haber sido abandonados.

—Nosotros… siempre vamos a estar juntos —preguntó Bill, hipando—. ¿Verdad? —Tom asintió repetidas veces.

Las lágrimas siguieron su rumbo un tiempo más, pero poco a poco la tormenta fue amainando.

—Siempre, Tomi. Siempre.

Simone que recién había llegado de hacer las compras, escuchó sonidos extraños provenientes del baño del primer piso y se dirigió ahí. Al llegar, se encontró con la escena más conmovedora que había visto en su vida. Bill estaba sentado en el piso con los dedos enredados en los cabellos de Tom que tenía apoyada la cabeza en sus piernas. Ambos tenían los ojos hinchados y estaban pálidos.

—Dios mío —susurró preocupada y apresurándose a atrapar a sus hijos en un abrazo, prometiéndoles que iría bien.

Todo iría bien. Sí. Mentalmente Tom estuvo de acuerdo, tenía a Bill, y Bill lo tenía a él.

-fin-
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