Título: Simple desinterés
Claim: Tom/Bill
Nro. de Palabras: 463
Resumen: Todas ellas no representan un “alguien”, sino un “algunas”, y la diferencia es absoluta e irremediable.
Gritos. Llanto. Desmayos.A veces Bill no puede creer que su simple presencia cause tanta conmoción en las personas (en su mayoría chicas adolescentes, aunque los chicos no falten, al igual que mujeres de avanzada edad).
Son innumerables las cartas que ha recibido. Cartas de amor en las que las chicas le abren el corazón y le entregan su interior con devoción. También son incontables los regalos de toda clase (desde lencería marcada hasta peluches, pasando por joyas y objetos raros que jamás termina de entender que son o para que sirven).
Toda la atención que le brindan las fans a veces le agota y estresa, otras le divierte; pero nunca (realmente nunca) le llega a interesar genuinamente…
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“Ahora sí pueden bajar”, es la indicación de Sakki antes de hacerse a un lado para que los integrantes de Tokio Hotel puedan descender de la van.
El primero en salir, como casi siempre, es él. Los chillidos de las admiradoras (e incluso algunas lágrimas y desmayos) no se hacen esperar.
Por un instante distingue a una rubia que está a un par de metros. Ella le mira fijamente, sin hacer ningún movimiento, con una sonrisa melancólica clavada en los labios; también lleva entre las manos una tarjeta inmensa en forma de corazón.
Le atrae. Hace el intento de acercársele… pero una voz ligeramente grave le llama. Cuando se gira involuntariamente ve a su hermano jugando compulsivamente con su piercing del labio y su lengua (y se
derrite).
Tom camina unos pasos y le susurra: “Ni lo pienses. No comparto mis cosas”.
Bill gruñe un insulto y entorna los ojos, pero hay un extraño gesto plasmado en su rostro.
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Desilusión. Histerismo.No le interesan las fans del todo… y eso es culpa de un chico que usa ropa tres tallas más grande de lo que debería, que siempre está con gorras tapando los nacimientos de sus rastas (y tiene la sonrisa más fascinante del mundo, cabe mencionar); es decir, Tom Kaulitz, su hermano.
En los conciertos, por ejemplo, solo basta su presencia para que el entregado público se desvanezca por unos segundos (que duran toda una pequeña eternidad).
O en las entrevistas únicamente hace falta que Tom diga algo relacionado al sexo en general o al amor que se tienen, para que se desconcentre (y por eso siempre trata de que hable poco, interrumpiéndole como un maldito necesitado de atención).
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“¿En qué tanto piensas?”
“En lo mucho que absorbes mi jodida atención”, responde inmediatamente. La risa de Tom se deja escuchar por toda la habitación.
Bill aparta (con brusquedad y apuro) los regalos de las fans que hasta el momento habían estado llenando la cama y arrastra a su hermano con él, besándolo.
Tom tiene toda su maldita atención,
pobres fans...
-fin-