Título: Tensiones
Claim: Tom/Bill
Nro de Palabras: 500
Resumen: Bill no puede evitarlo, aunque Tom esté a unos centímetros, aunque sepa que no debe. Malditas hormonas y maldito Tom.
Cuando tienes trece años, despertarte en medio de la noche con un dolor y molestia evidente en la ingle, no es precisamente algo que deba alertarte.
Pero sí lo es cuando tienes a menos de treinta centímetros el rostro de tu hermano, y su respiración tibia te enloquece y la calidez de su cuerpo te atormenta, en el peor sentido de la palabra. Y lo peor es que sospechas que estás así por su culpa.
Sí, por su
maldita culpa.
Además, por lógica, por necesidad, tienes ganas de tocarte “ahí”, pero no puedes porque estás atrapado en un abrazo de oso, de león que tiene atrapada a su presa, o algo similar.
—Tomi —susurras en un intento casi desesperado—. Tomi, Tomi.
¿Cuál es el plan? En sí no lo sabes, ni siquiera lo has pensando. Únicamente tienes conciencia que el dolor y la intranquilidad están yendo en aumento de manera irrefrenable por todas tus venas y concentrándose en tu entrepierna.
Te mueves un poco, solo un poco y con dificultad liberas una de tus manos del peso de tu hermano, y con rapidez la llevas hacia el lugar en donde la necesitas tan desesperadamente.
Das unos toques, unos golpeteos apresurados y sin cuidado, y corrientes placenteras te recorren con ímpetu. Jadeas, mordiéndote el labio para tratar de ahogar los sonidos que intentan salir de tu boca.
De pronto sientes un leve movimiento y Tom, aún dormido, pone un brazo encima de tu vientre, a unos pocos centímetros de donde te tocas. La sorpresa te inmoviliza unos segundos, pero compruebas que ha sido falsa alarma.
Te deshaces de la molesta ropa interior, bajándola lo necesario y retornas a lo tuyo. Ya no estás pensando, únicamente estás sintiendo.
—Tomi… —gimoteas, de nuevo, pero esta vez solamente para ti, por la satisfacción que estás sintiendo.
No es la primera vez que lo haces y no va a ser la última, y tener a tu gemelo tan próximo lo hace especialmente excitante; hace que la adrenalina te recorra con fuerza brutal. Es como hacer algo prohibido con todas las posibilidades de que te atrapen y que eso te guste.
Cuando ya sabes que estás a punto de terminar, apresuras tus caricias y…
—¿Bill? ¿Qué haces?
Un “nada” intenta brotar de tus labios, pero queda a mitad de camino. Tom parpadea adormilado y mueve un poco el brazo que tiene encima de ti, causándote un estremecimiento.
—Oye, ¿estás bien? —te pregunta ligeramente preocupado, el sueño abandonándole a pasos raudos.
Te muerdes los labios para no responder, para no dejar salir ningún sonido que te delate; sin embargo, estás cerca, demasiado y sin poderlo evitar por más tiempo, te das unas cuantas fricciones rápidas y todo ha acabado.
—Tomi —jadeas, tratando de recuperar el aire.
Tus dedos están humedecidos y algo pegajosos. Tu rostro arde y quisieras enterrar la cabeza en el colchón por la vergüenza. Lo peor es que tu hermano se ha limitado ha quedarse observándote sin decir algo con el rostro lívido.