Soultaker

#10

3/10/09 12:07 am - #10

Título: Inseguridad
Claim: Tom/Bill
Nro. de Palabras: 745
Resumen: ¿Ir en contra del mundo?... Bill cree que no puede, que no pueden y decide dar fin a la relación que tiene con su hermano.

Meses eran los que le había tomado reunir la suficiente fuerza de voluntad. Se rompería el corazón y rompería el de su hermano, pero debía terminar de una vez con la relación anormal que mantenían. Debía ponerle punto final a darle libertad a su amor… Debía.

Entró con decisión a la habitación designada a su hermano, le vio tendido en la cama leyendo una revista, con las rastas sueltas y solo en ropa interior, y lo amó como nunca. Su estómago, su corazón se encogieron. — Tom… —susurró y él le sonrió, dejando de inmediato la revista y haciéndole un gesto para que se acercara. Negó con firmeza y suspiró. — ¿Pasa algo? —preguntó, extrañado.

Claro que pasaba, pasaba todo. Y este era el momento para no dejar que las cosas fueran más lejos. Este era el momento. Era ahora o nunca… y nunca era una palabra especialmente dulce y tentadora. — Nosotros —musitó, más para sí mismo que para el otro— no podemos seguir. La reacción de Tom no se hizo esperar. — ¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Bill? —La incredulidad en su rostro casi se podía tocar. Era paralizante. Pero debía seguir adelante.

— Que se debe terminar todo. Los besos y los abrazos, las caricias. —¿Por qué siento que de un instante a otro me lanzaré encima de sus brazos y le juraré que todo fue una broma?, se preguntó Bill, antes de seguir hablando—: Seremos hermanos y nada más.

El nada más retumbó en la habitación como un eco de infinitas vibraciones. Tom se levantó y caminó hacia él. Su mirada era una marea indescriptible de emociones. — No podemos ir contra el mundo… — Sí podemos —le interrumpió con la voz grave—. Te amo. ¿Puedes entender eso?

Para Bill eso fue demasiado. Sus rodillas que estaban temblando, cedieron por fin y todo su peso cayó al suelo. Él nunca le había dicho que lo amaba. No había lágrimas pero sí desesperación. — Tomi, no hagas esto más difícil. —Su voz apenas era un ligero zumbido. Tom se puso a su lado, a su altura, pero no movió ni un solo músculo para tocarle o hacer que enfrentara sus ojos.

— Al principio sé que será difícil, pero lo superaremos. —Eso sería lo mejor. El mundo era un enemigo muy fuerte. La sociedad podía reducirlos a nada, y más porque estaban en el centro del ojo público. Quizá… quizá si nunca hubieran formado una banda, quizá si su pasión no fuera la música. Quizá. Sin embargo, no era así. — ¿Realmente esto es lo que quieres? —Quiso negar con la cabeza y por fin liberar la presión que tenía en el pecho, pero no hizo nada—. Está bien, Bill. Como quieras.

— ¿Qué? —Su mirada dejó el piso y se centró en las facciones sombrías de su hermano. ¿Cómo quieras? ¿Qué significaba eso? — No digas eso. —Tom tomó con brusquedad sus hombros y le empujó, haciendo que terminara echado en el suelo y se puso encima—. Tom, por favor…

— No —contestó tajante. — ¿No qué? —No recibió respuesta, pero sus labios fueron salvajemente atacados… y… él no pudo negarse. Abrió la boca y cerró los ojos, arqueó la espalda. Intentó olvidarse de todo y lo logró ayudado por las sensaciones adictivas. Era demasiado. — No podemos… —Y era mentira. Podían y sobre todo, querían.

Tom hizo que abriera las piernas y se posicionó entre ellas y no pudo evitar que un gemido no se ahogara en su garganta ante el peso placentero sobre su ingle. — ¿Ya no quieres esto? —jadeó Tom justo en su oído meciéndose a un ritmo lento. —El juego se le antojó sucio. Placenteramente sucio. — No, no podemos. —Eso no fue lo que te pregunté.

Lo sabía. Estaba perdido porque todo no era solo libido lo que volvía pesada la atmósfera. No era solo lascivia de dos adolescentes. Era…

— Tomi. —Y toda la decisión, su fuerza de voluntad se giró hacia él y le señaló, burlándose antes de huir—. Somos tú y yo contra… todos —balbuceó mientras Tom se las arreglaba para introducir sus manos por debajo de su ropa. — Lo sé, pero si estamos juntos nadie nos va a poder separar. — ¿Nadie…? —Ni nada.

Minutos después, cuando habían terminado y sus corazones ya estaban pausados y tranquilos, continuaron tendidos en el suelo, acariciándose lentamente, como la primera vez. Y aunque más tarde volvieran las dudas, la inseguridad corrosiva y el miedo, Bill sabía que no podía escapar de los brazos de su hermano… lo había comprobado.

-fin-
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