« Mis desteñidos ojos inocentes. »
Me han dicho tantas veces lo poco que valgo que al final he terminado por creer que era del todo inútil.
Me he sentido desde siempre extraña, una extranjera en mi propio cuerpo. Y lo cierto es que hasta me resultaba comprensible toda esa tirria que los demás acababan sintiendo por mí. Hasta yo misma la he notado. Nunca he querido ni podido ser como los demás.
Odio la simpleza, odio los estereotipos, odio las normas, odio que todos sean iguales de algún modo y que, tarde o temprano, todo mi entorno "ideal" acabe desmoronándose porque casi todo lo que me rodea es basura.
Con el tiempo he pasado de dar relevancia a asuntos que ahora no tienen ni un ápice de ella, a no dar significación a casi ninguno de ellos. He aprendido a no perder el tiempo con quien no merece la pena.
Es increíble como de un segundo a otro todo puede cambiar.
Ya no temo decepciones porque las estoy esperando, ya no me encuentro desprevenida, de antemano sé que lo poco que queda está por perderse y que me conviene disfrutarlo antes de que ocurra.
Me escuecen los ojos inocentes con los que miro a las cosas a las que les doy importancia, a las que sobrevaloro por encima de todo lo demás, ese demás que para mí no existe.
Me he sentido desde siempre extraña, una extranjera en mi propio cuerpo. Y lo cierto es que hasta me resultaba comprensible toda esa tirria que los demás acababan sintiendo por mí. Hasta yo misma la he notado. Nunca he querido ni podido ser como los demás.
Odio la simpleza, odio los estereotipos, odio las normas, odio que todos sean iguales de algún modo y que, tarde o temprano, todo mi entorno "ideal" acabe desmoronándose porque casi todo lo que me rodea es basura.
Con el tiempo he pasado de dar relevancia a asuntos que ahora no tienen ni un ápice de ella, a no dar significación a casi ninguno de ellos. He aprendido a no perder el tiempo con quien no merece la pena.
Es increíble como de un segundo a otro todo puede cambiar.
Ya no temo decepciones porque las estoy esperando, ya no me encuentro desprevenida, de antemano sé que lo poco que queda está por perderse y que me conviene disfrutarlo antes de que ocurra.
Me escuecen los ojos inocentes con los que miro a las cosas a las que les doy importancia, a las que sobrevaloro por encima de todo lo demás, ese demás que para mí no existe.
lonely