No era que le disgustara Europa o que la casa de Francia le pareciera desagradable, todo lo contrario. Pero era difícil entrar en un sitio donde no te consideran más que un anticuado y cada cosa que portas, dices o haces, parece en extremo "exótico". Claro, también estaba el hecho de que al jefe de Francia, su estadía y deseos por formar parte de la Unión Europea, tampoco le caían en mucha gracia.
Por lo tanto, la pregunta era: ¿Qué mierda estaba haciendo ahí, entonces?
Fácil, porque:
1. Sus jefes se lo habían exigido.
2. Ser el magnánimo conciliador de naciones, no era oportunidad que Francis pudiera perder para idolatrarse.
Aflojó la apretada corbata a la que tan desacostumbrado estaba y se reclinó hacia la mesa, apoyando un codo contra la misma, para finalmente dejar caer pesadamente una mejilla sobre su puño cerrado. Sadiq bufó con cansancio, dejando salir una espesa nube de tabaco que inundó el espacio en el que se hallaba. Y mientras olisqueaba el humo y apaga el cigarrillo, nuevamente se insistió en lo pésimos que eran los cigarrillos, la comida, el café y sobre todo...la puntualidad occidentales.
Aunque bueno, posiblemente la última, sólo fuera cosa de franceses, se dijo en un intento por tranquilizar su creciente inquietud y malestar general por tener que pasar sentado tanto tiempo, en asientos tan duros, cuando él estaba tan bien acostumbrado a los suaves almohadones.
Pero si algo le hacía sentirse mejor, era que la Torre Eiffel jamás se había visto tan hermosa.
Sí, era de la recompensas ante su martirio, que por desgracia, duraría nueve meses enteros. También, por supuesto, estaba el hecho de poder ver a su pueblo tan contento y el poder hacer gala de todo cuanto les emocionaba y enorgullecía, tampoco era tan malo.
Un bostezo se le escapó de la boca cuando el mesero de nuevo le hablaba en aquél lenguaje ininteligible para él, al igual que la primera vez, sólo asintió con la cabeza y esperó a que se marchara, de cualquier forma nada de lo que le habían llevado hasta ahora, había sido de su gusto, sobre todo tomando en cuenta las porciones microscópicas con las que pretendían alimentarlo. Una vez fuera de su vista, se retiró la máscara para masajearse los ojos a gusto.
Si ese maldito francés no llegaba en los próximos dos minutos se iría...y definitivamente, lo haría sin pagar.
(( Cerrado para Francia ))







