Arthur Kirkland
07 February 2010 @ 12:39 am
Londres // Tarde
[Si les preguntaran a los habitantes de aquella calle londinense exactamente qué ocurrió esa tarde por ahí por las 16 hrs, tal vez confiesen haber temido el desate de alguna especie de bestia salvaje, ejército de hooligans, o espíritu vengativo de la máxima destrucción en la casa de Arthur Kirkland.

Si le preguntaran al dueño de la casa en cuestión… tal vez no diría mucho, porque luego de que las hadas le sirvieran la dulce ambrosia de los dioses para calmar sus nervios, y al parecer lo mezclaran con aquella miel de felicidad que habían conseguido en Canadá… ya no recordaba muy bien por qué había empezado a despotricar contra el mundo para empezar.

Pero sí recordaba algo: La fuente segura de sus desdichas. Esa podría señalarla sin titubear hasta en medio de un coma etílico. Así que con todo su poderío de ex-imperio logra levantar una mano desde el sofá, agarra el auricular de su teléfono, e intenta marcar el número. Un hada se apiada y ofrece a hacerlo después de 10 minutos de intento infructuoso]

Comuniiiiicame con el idiotaaah. [Empieza a hacer mímicas] Essss altoh, hueleh a ketchup y cuando molestah se ríe como ardillitah con parkinsonnn.

[Insegura de cómo esa descripción iba a proveerle el número correcto, el hada intenta comunicarse]